El mundo moderno necesita de dinamismo en la economía en donde ofertantes y demandantes de bienes y servicios puedan encontrarse y realizar comercio en mejores condiciones para ambos. El mundo moderno necesita de actores que busquen el desarrollo de esos bienes y servicios en forma eficiente, cuidadosa del ambiente y de la responsabilidad social. Esos actores son sin dudarlo las empresas privadas que como institución son las más eficaces a la hora de ofrecer productos a los consumidores. Obviamente la empresa privada necesita regularse para evitar perjuicios a los derechos de terceros, tal regulación son las constituciones y leyes de un país enfocadas a proteger los derechos básicos de los habitantes.
¿Pero qué sucede si estas leyes y normas son de mala calidad? sucede lo que ahora acontece en el país: falta de inversión, desempleo, altos precios y mendicidad sobre -literalmente- un cerro de oro, plata, molibdeno, cobre y petróleo.
Ecuador ya tiene una Nueva Constitución que todos habíamos esperado sea el instrumento de renovación institucional y herramienta del desarrollo. Lamentablemente no ha sido así, la nueva constitución mantiene el error de hacer que el Estado administre, regule y gestione los mal llamados “sectores estratégicos” apartandodesterrando así la eficiencia de los particulares para proveer empleos, bienes, servicios y bienestar general. Así lo señala el artículo 311 de la Constitución de Montecristi que afirma que: El Estado se reserva el derecho de administrar, regular, controlar y gestionar los sectores estratégicos, de conformidad con los principios de sostenibilidad ambiental, precaución, prevención y eficiencia.
Los sectores estratégicos, de decisión y control exclusivo del Estado, son aquellos que por su trascendencia y magnitud tienen decisiva influencia económica, social, política o ambiental, y deberán orientarse al pleno desarrollo de los derechos y al interés social.
Se consideran sectores estratégicos la energía en todas sus formas, las telecomunicaciones, los recursos naturales no renovables, el transporte y la refinación de hidrocarburos, la biodiversidad y el patrimonio genético, el espectro electromagnético, el agua, y los demás que determine la ley.
Mala suerte, Ecuador tendrá que relegarse a los últimos lugares de desarrollo de Latinoamérica hasta cuando cambie esta mentalidad autoritaria, militarista y de atraso que los asambleístas, y en general los políticos ecuatorianos adolecen.
